jueves, 21 de octubre de 2010

ESTEREOTIPOS

Cuando piensas en Roma piensas en estereotipos: el Coliseo, la fontana di Trevi, los italianos... pero es que es así.
Roma está tan idealizada que no hay forma realista de verla, es un ideal que los romanos mismos alimentan. Los romanos del imperio decían 'Panem et circenses'. Los romanos actuales han mantenido la idea y aquí todo es susteptible de convertirse en atracción turística para mantener al pueblo ocupado.


Venir a visitar una ciudad así de turística es lo que tiene, que es cómodo. No tienes que pensar dónde ir puedes dedicarte simplemente a seguir a los grupos de japoneses o de jubilados alemanes. La masa se mueve bajo el pensamiento de '¿cómo voy a venir a Roma y no voy a ver...?' (rellénese el hueco con cualquier monumento que se le venga a la cabeza cuando oye 'Roma') Yo misma me he sorprendido varías veces estos días diciendo que tal cosa hay que verla, que es necesario (cuando no hay cosa más innecesaria que hacerse la misma foto que miles de turistas en los mismos sitios...)
Pues sí, a eso me he dedicado estos días, a seguir religiosamente el viacrucis turístico envuelta en una procesión donde se cambian los pasos por paraguas de colores chillones y las velas por flases. Dónde el silencio no es sino una mezcla de muchas lenguas que no transmiten mucho más que éste.
Podría hacer una lista de los monumentos pero os la voy a ahorrar (ya habéis visto las fotos).

 El ritual a seguir es sencillo: intentas evitar los grupos de estudiantes, miras el monumento, le haces una foto-postal y luego te pones tú para que una vez que cuelgues esa foto en una red social todo el mundo identifique dónde has estado. El último paso, sin embargo, no es nada sencillo. Encontrar a alguien que te haga una foto donde no aparezca el 'background' desenfocado y luego parezca que has hecho un fotomontaje cutre es toda una proeza. De hecho, en 6 días sólo hemos encontrado una mujer que consiguió dicha hazaña. (Debimos contratarla)



Paralelamente de ejercer de Virgilio por este particular infierno plagado de monjas que hablan por móviles de última generación, curas arregladísimos y modernísimos, iglesias, etc, también me pierdo por otras calles, cojo el metro en hora punta contemplando la biodiversidad (Roma es como pasear por la calle Fuencarral), voy al mercado, cocino, lavo, tiendo, etc. Mañana tenemos cena internacional (española, italiana y americana), veremos.

Y tras un largo día llenándome de la grandiosidad y la monumentalidad de una ciudad como ésta me sigo quedando con las pequeñas cosas: agarrar la taza del desayuno por la mañana para calentarme y agarrarme de tu mano por las noches.

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