viernes, 29 de octubre de 2010

Luces, cámara... ¡acción!

Silvano Agosti es un director, guionista, productor cinematográfico, escrtor y poeta italiano.
Esto es lo que me dice la wikipedia sobre el señor con el que he estado hablando hoy. Yo añado que tiene la cualidad de leer en los ojos de la gente, por lo menos es lo que ha hecho hoy con los míos.

Hoy a las 3 de la tarde he tenido la revelación del día. El espíritu del viernes se ha apoderado de mí y me han entrado ganas de hacer muchas cosas. Cuando digo 'muchas' quiero decir 'todas'. De repente me he visto con fuerzas para hacer todo lo que me falta por hacer en esta ciudad. Sin embargo he decidido elegir solo unas pocas y racioname el tiempo.
He salido de casa a las 15:15 hacia la iglesia de Santa María de la Vittoria para contemplar uno de los trabajos de Bernini. Desde allí me he ido a la otra punta de Roma para ver el Ponte Milvio. Conocido por ser el lugar donde las parejas ponen un candado y luego tiran la llave al rio. Yo iba sin candado  y sin pareja, así que me he limitado a observar el ritual.
Mi siguiente parada era un pequeño cine que se encuentra cerca del Vaticano, Cinema Azzurro Scipioni (dónde estuve viendo el documental el finde semana pasado). La peli que proyectaban era Million Dollar Baby. No soy muy fan de Clean Eastwood y no la había visto aún. Lo primero que hago es entrar y pedir una entrada al hombre que hay en la barra de lo que parece un bar. Ese hombre era Silvano Agosti. Su primera pregunta es que de dónde soy. A partir de ahí la conversación ha fluido en un perfecto castellano. Me ha contado quién era (porque ni que decir tiene que no le había conocido y que nunca había oído hablar de él), me ha enseñado algunas de las películas que ha hecho (películas censuradas en Italia y España) y me ha regalado un libro suyo, Trilogía del Misterio: El Juez, La Víctima, El Asesino (traducido al castellano). Luego me ha hecho una visita por el cine (que tiene dos salas) y que es una maravilla. En una de las salas había una chica tocando el piano, todo decorado con un montón de cosas de épocas distintas. Tantos tiempos diferentes emulados en un mismo espacio hacían de la sala algo atemporal.

Viendo la película éramos dos: un jubilado alemán (con el que Silvano se ha puesto a hablar en alemán) y yo. Pero en el cine había más personajes 'inquietantes': unas señoras mayores vestidas de muchos colores con muchos adornos en el pelo y una chica joven tocando un piano en la sala de abajo. Me sentía como si Almodóvar fuese a salir en algún momento diciendo "¡Corten!". Una tarde un poco surrealista. 

pd: me ha gustado mucho una dedicatoria de Alejandro Jodorowsky que aparece al final del libro :"Para Silvano, de mis límites a tus infinitos"

1 comentario: