lunes, 25 de octubre de 2010

Ayer por la noche decidí que, como era nuestra última noche, íbamos a ir a cenar al sitio donde se supone que hacen las mejores pizzas de Roma. Como soy TAN inteligente, me metí en internet, busqué el sitio en cuestión y me hice un plano en una hoja.
Salimos de casa, llegamos hasta la estación de metro que nos dejaba más cerca y empezamos a andar... tengo que decir que en esos momentos es cuando decides que en vez de filología tendrías que haber estudiado cartografia. Demasiado tarde. Me estaba dando mucha rabia no encontrar el sitio porque sabía que estábamos cerca. Me mosqueé bastante conmigo misma y con mis dotes de orientación que no estaban funcionando, así que nos pusimos a andar. De repente, en una calle pequeñísima una cola LLENA de gente. Sí, encontramos el sitio. De hecho estaba al lado de otro en el que comimos el primer día.
Lo de que hubiera que esperar tanto no nos lo esperábamos pero dedujimos que eso sería bueno, además en la fila, aparte de españoles que están por todos sitios, había italianos y eso parece que no te da más confianza (ellos mismos no van a ir a un sitio malo, ¿no?)
Después de esperar un rato, un camarero, un poco borde, nos preguntó que cuántos éramos y nos sentó en una mesa compartida con otras dos parejas de italianos. El local de lo más cutre que he visto, todo el mundo apelotonado dentro, no te puedes mover, todos compartiendo mesa con todos, sólo un baño (unisex, por supuesto). Los italianos de nuestra mesa eran bastante majos. Una de las chicas era una especie de Belén Esteban en moreno. Le faltaban los aros de oro y se dedicaba a decir 'sabes lo que te quiero decir' moviendo las manos para que todos vieran las uñas postizas que llevaba. A parte de eso era una chica encantadora y con MUCHÍSIMA más educación que el grupito de españolas que teníamos en la mesa de al lado. Tres pijas recién salidas de Pachá que se debieron perder los capítulos de Barrio de Sésamo de 'por favor' y 'gracias'. Nos estuvimos metiendo con ellas durante la cena, o mejor dicho, mientras esperábamos a que nos trajeran la cena. Estuvimos a la espera durante más de una hora y  media. Transcurrido ese tiempo, la Belén Esteban de la mesa se puso a gritar al camarero que no veía normal esperar tanto por una pizza.
En fin, que la pizza buenísima pero que salimos de cenar del sitio a eso de las 23 pasadas. En España eso es una hora completamente razonable pero aquí el metro nos lo cierran a las 23:30 y debido a mi alocada vida nocturna no conozco los búhos (que aquí no se llaman búhos, claro)
Corrimos al metro más cercano, Coliseo, que está a unos 20 minutos andando muy (muy) deprisa y lo cogimos hasta Términi que es donde teníamos que hacer transbordo. Eso ya fue imposible. El último metro en nuestra dirección ya había salido. Salimos a la calle y nos guiamos por lo mismo que nos habíamos ligado para encontrar el restaurante, la gente. Allí donde estaba la cola más grande de gente era donde teníamos que coger nuestro bus. Mientras esperábamos (fue una noche llena de esperas) se puso a chispear. Una noche entretenida.
Por cierto, una luna ESPECTACULAR anoche en Roma.

3 comentarios:

  1. Parece que hemos encontrado Las Cuevas del Sésamo romanas ;)

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  2. ¿Quieres que te cambie la luna ESPECTACULAR de Roma por las Auroras Boreales INCREÍBLES Y FASCINANTES de Reykjavik? :p (No sé por qué te lo he ofrecido, si no te lo quiero cambiar ni yo misma...jajajaja) No es por darte envidia, era por informarte de lo que ví.
    Que rancios son estos italianos, ¿metro solo hasta las 23.30? Pero eso qué es, ¿Inglaterra? Pero bueno, al menos la pizza estaba buena, que es lo que importa...
    Que pena que Belén Esteban las haya en todo el mundo, madre mía...
    Bacini!

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  3. ¿Puedo ir yo? (Btw, sin ofender, pero me quedo con la luna de la Ciudad Eterna... :D )

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