La noche de ayer fue una noche muy educativa. Hay días en los que sólo se habla de banalidades y hay momentos en los que en apenas 4 o 5 horas pueden surgir temas de lo más trascendentales.
Pues bien, la noche inició con una cena. Una cena preparada por hombres (maschi). Una cena en la que yo era la única chica. Tema de conversación: la extinción del cromosoma Y. Después de una detallada exposición sobre cómo es posible la total extinción de sexo masculino, mis tres amigos se pusieron a jugar a ver quién encestaba en la boca con un gajo de mandarina. Si se hubiesen ahorrado los datos científicos hubiera entendido igual de bien el porqué el cromosoma Y es innecesario. Me sentí un poco como en un capítulo de The Big Bang Theory.Durante la cena también hablamos sobre la guerra. Sobre la II Guerra Mundial. Para mí, hablar de la guerra es hablar de sucesos que pasaron hace mucho. Mis abuelos vivieron la guerra civil pero eran pequeños por aquel entonces. Sus padres, sus abuelos sí que lucharon en la guerra. Pero hablar de que mis bisabuelos o tatarabuelos estuvieron en el frente supone una lejanía generacional muy grande, creo que no llego a concebir bien lo que eso significa. En cambio, mis tres anfitriones me contaban que sus abuelos estuvieron en el frente albanés, que se fueron a Rusia, que murieron en la segunda guerra mundial, una guerra que para mí queda tan lejos (espacial que no temporalmente) y que para ellos ha significado tanto.
Llegó la hora de salir. Primero estuvimos en un bar donde se nos acercó un inmigrante palestino que acabó sentado con nosotros contándonos que llevaba 25 años en Italia pero que su mayor sueño sería regresar a Palestina. Nos habló de su vida allí, de su vida aquí y de cómo veía el conflicto (todo contado con lágrimas en los ojos).
Después, me llevaron al Pigneto una especie de Malasaña donde se podían observar dos grupos dominantes: los modernos que desfilaban a lo largo de la calle y los tiraos que estaban sentados en el suelo fumando porros. Nos decantamos por unirnos al segundo grupo y nos acomodamos en el suelo. Salió el tema de la donación. En Italia está prohibida la donación de óvulos. Así fue el diálogo:
(Yo)- ¿Qué pasa cuando una mujer quiere tener un hijo sola?
(Joven italiano)- ¿Por qué va a querer una mujer tener un hijo sola?
(Yo)- ¿Y una pareja de lesbianas?
(JI)- Aquí ni se pueden casar, van a querer tener hijos...
Ahí di por finalizada la conversación. Me llama la atención de que las italianas que quieran verse sometidas a un tratamiento de fecundación tengan que recurrir a otros países como España. Italia, un país que prohíbe la donación de óvulos pero que permite el aborto desde 1977.
Así es este país, contradictorio y sorprendente. Nunca sabes con lo que te vas a encontrar cada mañana pero no hay nada como mirar a su líder político. Es él el que ha titulado este blog hoy.
El viernes saltó la noticia: "Italia se ha despertado hoy convertida en el país del bunga bunga. Según ha declarado a los fiscales de Milán la menor marroquí Ruby Robacorazones, llamada en realidad Karima K., después de las cenas en la villa de Arcore, Silvio Berlusconi invitaba a algunas chicas seleccionadas a hacer bunga bunga, explicando que era un juego que practica Muammar El Gaddafi con su harén africano."
Este es el video de moda entre los italianos estos días:
http://www.youtube.com/watch?v=jMXTOic3gJ0
Italia, machista y deprimida por la extinción del cromosoma Y. Italia un lugar donde no se permite la donación de óvulos y no son comunes las madres solteras. Italia, familias que tienen muy cercano el recuerdo de la guerra. Y sí, Italia también es el país del bunga-bunga.