jueves, 16 de diciembre de 2010

Roma- Milano- Praga- Roma

Milán, maravillosa. Bonita ciudad, mejor compañía.

En Milán he aprendido muchas cosas: el sol sale cuando menos te lo esperas (here comes the sun), las personas que te odiaban te odian un poco menos, los caballeros que te abren las puertas y se quitan su abrigo para que no pases frío existen, las personas acaban heridas a causa de corazones rotos, el  final de Romeo y Julieta hay que disfrutarlo en silencio, los canales no sólo están en Venezia, hay escoceses que no son pelirrojos, las croquetas pueden adornar calles, hasta en Milán se habla de las puestas de sol desde el Villa Rosa, puedo tocar las nubes abriendo la puerta del avión y comerme las estrellas en cada desayuno...
Necesitaba un viaje así, hablando (troppo), caminando (troppo) y dejando que me hicieran fotos sonriendo.
Tendremos nuestro libro, nuestro tocadiscos, nuestra biblioteca y nuestras mañanas de domingo. Viajaremos en el tiempo para ver a Mark Knopfler.
Espero haberte contagiado mi curiosidad por todo.
Grazie, Mr Brightside.

pd: no me olvido de ninguna frase. Me seguirá gustando Il Duomo cada vez que lo vea (aunque esté hecho con la misma técnica con la que nosotros hacíamos castillos en la playa)


Praga: segunda vez en Praga. De nuevo la compañía condiciona a que vea la ciudad de otra manera.

(the first, the last, my everything) Un mes sin vernos. ¿Cuánto dura un momento? Me coges de la mano en Wenceslao y no te suelto hasta 4 días después en el aeropuerto. Nos cuentas mentiras sobre relojes y te inventas historias que nos creemos hasta que una guía nos las desmiente. (Las iglesias en Praga también abren) Me dejas tus guantes porque he dejado de sentir las manos, menos mal que tengo las tuyas en mis bolsillos. Siento celos de tu navaja. Te asustas cuando grito por la noche. Me asustas al hablar de décadas. Discutimos, medio dormidos, a las tantas de la mañana sobre la educación pública. Haces que me fije en la perfección de los copos de nieve que se me pegan en el abrigo. Te pegas a mi abrigo. Te quiero aunque no distingas las canciones de Dire Straits. Me quieres.

2º  Me toca ejercer de hermana pequeña y cuidarte aunque sigo sin saber si tuviste o no fiebre. Me vuelvo Panorámix y te hago una poción mágica. Me dedicas canciones. Te tiro cosas para que las cojas al vuelo en un supermercado. Me bebo parte de tu copa y descubrimos que sabe sólo a naranja. Al final no haces ruidos en la pared. Me sigues debiendo una foto repeinado. Sabemos que no vas a volver a cenar salchichas. Soy la única que levanta el pie al despedirme de ti.

3º  Somos seres infinitamente superiores al resto y lo demostramos llegando sin ayuda al hotel. Tuvimos suerte, unos kinders nos dieron monedas sueltas, las señoras de repente hablaban en inglés y las máquinas soltaban tickets sólo con mirarlas. Te sigo dando las gracias. Gracias por intentar cambiar de tema cada vez que empezabais a hablar de la universidad (me sentía un poco fuera), gracias por notar que estaba un poco enfadada y acompañarme a buscar el chocolate para la leche. Por evitar discusiones y dormir en el sofá. Por estar dispuesto a salir a comprar limones tú solo. Por prestarme tu camiseta térmica. Ve pensando nombres vascos de chico.

Y después de estos días cambio el frío por menos frío, vuelvo a entender a la gente por la calle, vuelvo a comer pasta, vuelvo a estar sola.



4 comentarios:

  1. Bueno, está bien este escrito... Igual acabas aprendiendo algo de los maestros blogueros y todo... :D

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  2. Si Java es 1º, L es 3º, y J es 2º, quién soy me?

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  3. Pequeñas deposiciones a lo largo del casco antiguo dicen que sí.

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